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Michelle & Evelyn



miércoles, 30 de abril de 2014

8 cosas que todos deberíamos conocer acerca del duelo

Solía pensar que cuando piedes a un ser querido, primero lidias con el golpe emocional, luego pasas por el periodo de duelo y después la vida continúa. Después de haber perdido a mi madre hace cinco años, es ahora que me doy cuenta que el duelo es un proceso que dura toda la vida.

Me fue recordado esto el otro día que una de mis estudiantes se me acercó para comentarme que mi charla de Dharma (que coincidentemente fue sobre mi madre), la hizo sentir que su propia madre le enviaba bendiciones desde el cielo. La noté visiblemente alterada, y supuse que su madre había muerto recientemente, por lo que le pregunté: "¿Hace cuánto falleció tu madre?"

"Hace quince años", me contestó ella. Seguimos hablando y ella me confesó que los días como este, el día del aniversario de la muerte de su madre, todavía son difíciles. La entendí completamente.

El dolor de la pérdida se almacena en nuestras células junto con el amor que sentimos por esa persona y de alguna manera, alrededor de ciertas fechas importantes, te sientes raro y no sabes por qué... y luego te das cuenta. Es esa mezcla de amor y dolor que a veces emerge a la superficie en las fechas especiales  o a veces cuando menos te lo esperas.

Ya sea que estés afligido por una pérdida reciente o una de hace muchos años, te envío mi más cálido abrazo. De cualquier forma, siempre tendrás que navegar el traicionero mar del dolor. Y si mantienes abierto tu corazón, puedes aprender algunas cuantas lecciones valiosas:

1. No hay dos experiencias de pérdida exactamente iguales.
Aunque mi hermano y yo hayamos perdido a nuestra madre, lo manejamos de maneras completamente diferentes. Los dos teníamos vínculos distintos con ella y los dos poseemos distintos valores. No esperes que nadie (aún un miembro de tu propia familia que haya experimentado la misma pérdida) sea capaz de entender por lo que estás pasando. Este viaje es tuyo, y sólo tuyo.


2. Puedes estar rodeado de gente y aún así sentirte solo.
Tuve todo el amor y el apoyo del mundo cuando mi mamá murió y aún así nunca me he sentido más sola en mi vida. Estaba en casa con mi adorable familia y me sentía sola. Salía con mi grupo de amigos y me sentía sola. Jugaba con mis hijos y me sentía sola. Para mí, esta soledad venía del saber que nunca la vería de nuevo. ¿Qué haría yo con este gran vacío? Eventualmente, aprendí a sentirme cómoda en mi soledad y  a recordar los buenos momentos que pasé con mi madre para así poder sentirme menos sola. Con el tiempo, mi situación mejoró.

3. La gente te va a decir las cosas más increíbles e insensibles.
Una vez un amigo me dijo "tienes que superarlo", y otro me dijo "estás destrozada". En su mayoría, la gente tiene  buenas intenciones. Ellos te aman y se sienten frustrados por no poder ayudarte, así que en su frustración dicen  esas cosas . Y seamos sinceros, algunos hasta van a decirte cosas muy estúpidas. Como la chica que me topé un día y que sabía que mi mamá había muerto y me preguntó: "¿hey, cómo está tu mamá? No permitas que lo que la gente diga te sorprenda u ofenda. Tómalo a la ligera.

4. Aprenderás a ser más gentil contigo mismo.
Casi todos somos nacemos con el instinto de querer arreglar todo: queremos arreglar nuestra vida y deshacernos de los momentos incómodos en ella. Quise hacer esto desde el momento en que mi madre murió. Yo pasaba pensando: "¿Cuándo comenzaré a sentirme mejor?" Fue ahí cuando un amigo que había perdido a su padre años antes del fallecimiento de mi mamá, me dijo: "sé gentil contigo misma". En mi mundo, ser gentil conmigo misma significa ser paciente conmigo misma y permitirme sentir lo que sea que necesite sentir en lugar de tratar de arreglarlo. Tres años después del fallecimiento de mi madre, justo cuando creía que mi vida recobraba sentido, tuve un GRAN colapso emocional. Y me permití a mí misma llorar por dos horas en posición fetal. Era exactamente lo que necesitaba.

5. ¡Consigue toda la ayuda que puedas!
Vengo de un gran linaje de guerreras. Y cuando la crisis ataca, nos amarramos las enaguas y seguimos adelante. No le damos oportunidad a la lástima y no nos dejamos derrumbar; pero esa vez no pude lidiar con mi dolor sola. Fui afortunada al reconocer esto  y a tiempo. Conseguí la ayuda de un especialista con el cual pude seguir adelante de la manera más saludable para mí. Obtén la ayuda que sientas necesaria. No tiene nada de malo.

6. No todos estarán ahí cuando pase lo peor.
Nunca serás el mismo y la gente que estuvo en tu vida antes de la tragedia puede o puede que no logre manejar  esta nueva persona que ahora eres, con todo y bagaje emocional. Esto no tiene nada que ver con la persona que eres. Deséales lo mejor y déjalos ir.

7. El amor ayuda. 
Aún cuando me sentía sola, me sentía amada. Regresé a mi hogar para rodearme  de la familia con la que crecí , esos que conocen mi historia desde el inicio (hay algo tan reconfortante en esto) y que me aman incondicionalmente. Ellos me mimaron y malcriaron y me hicieron reír de nuevo.Rodéate de este tipo de amor.
Cuando tengo mis días tristes, ya sé a quién llamar o buscar.

8. Puedes convertir tu dolor en oro.
Con el tiempo decidí que no quería que la pérdida de mi madre fuera mi fin. Pobrecita yo, mi mamá murió, estoy triste, fin. Decidí usar convertir mi dolor en la gasolina para reiniciar mi vida. YO ELEGÍ no hacerme la víctima, sino vivir al máximo y, ¡hacer que cada día cuente! ¿Qué mejor manera que esa para honrar la memoria de un ser querido?

Extraño a mi madre todos los días. Los días buenos son buenos porque así yo lo quiero, mientras que algunos días simplemente apestan, y eso está bien. Lidiar con el dolor es un proceso constante. La herida siempre estará ahí, y siempre habrá algo que dispare esos momentos feos de crisis y/o llanto, no importa cuánto tiempo haya pasado o cuán buena sea tu vida desde esa pérdida. Ríndete ante los altibajos del dolor. Y espero que tu viaje a través del dolor sea gentil y que encuentres la luz al final del túnel.


El presente artículo ha sido tomado de Mind Body Green y ha sido escrito originalmente por Sonia López Simpson. La traducción es propia.

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