No quería escribirte porque de hacerlo te reconocía como real.
Como monstruo debajo de mi cama.
Como invocación profana a tu maldito nombre.
No te quiero en mi vida, pero eres parte de mi existencia.
He conocido el mundo confuso y lo difuso a tu lado.
Ciertos días te pienso menos. Te siento menos.
Amanezco creyendo que no te volveré a sufrir en mis manos.
En el roce del agua con mi cuerpo.
Cuando hago el esfuerzo de escribir.
Cuando creo que duermo.
Lo cierto es que como espada de doble filo,
me has enseñado un mundo de seres verdaderamente humanos.
Un mundo de almas afines,
cuerpos que sí sienten,
gente que reconoce el dolor en mi cara,
No te guardo rencor,
porque me has hecho crecer.
Contigo he aprendido a resistir.
A valorar lo que soy y por qué lo soy.
Aprecio los momentos en que te vas.
Y acepto con dura resignación cuando vuelves.
Espero que algún día no regreses.
Que hagas trinchera en algún otro lugar.
Deseo no verte reflejado en la cara de alguien más.
No eres digno de ni una sola vida humana.
No lo vales.
No creo en ti.
Y aunque te escribo, te digo esto:
Vos, no existes.

:.(
ResponderBorrar