AVISO IMPORTANTE

A partir de este momento, Tinta Bohemia dejará de ser actualizada, sin embargo; el contenido seguirá disponible por si desea leer nuestras publicaciones antiguas.

Gracias y hasta siempre.

Michelle & Evelyn



lunes, 9 de septiembre de 2013

Hacia una vida sin dolor (historia de una fibromiálgica)

Es difícil contar esta historia, no porque no sea real o porque sea complicada, sino porque es mía y la siento en mi cuerpo todos los días, se ha convertido en parte de mi persona, de quien soy. De todas maneras, intentaré relatarla de forma que ustedes puedan comprender el por qué inicio de esta manera la presente entrada.
Este año fui diagnosticada con fibromialgia: una enfermedad crónica (es decir, no tiene cura) que provoca en mi cuerpo una sensación de dolor “difuso” (o sea, no es un dolor completamente localizado, puede aparecer en cualquier parte de mi cuerpo). Al menos solamente eso creía al inicio. Cuando no había experimentado los otros síntomas.

Y es que comencé a padecer de fibromialgia desde hace más de diez años, simplemente no había llegado a una fase más intensa de la misma y el cuadro sintomático no se había presentado en su totalidad. Con esto me refiero a que,  además del dolor corporal que siento, me es difícil poner atención (a las cosas o a la gente), me cuesta retener datos, puedo entrar fácilmente en depresión y me canso rápidamente.
Antes de que entrara a la universidad, hace más o menos cuatro años, experimenté los primeros síntomas de una fase más pesada: me dolían las muñecas, escribir o cargar cosas era complicado para mí y veía como se me hacía difícil acordarme de pequeños detalles (siempre le echaba la culpa a mi naturaleza despistada).
Ahora bien, de hace cuatro años hasta ahora he pasado por muchos doctores, diferentes diagnósticos, tratamientos y terapias, las cuales en su mayoría han sido inútiles. Fue hasta este año que todo cambió. Me vi con un especialista en reumatología quien me recetó antidepresivos (Cymbalta) para poder lidiar con los dolores, que con los años han aumentado y viajaron de las muñecas a cualquier parte del cuerpo: cuello, piernas, pecho, dedos, etc. Sin embargo; el que mi cuerpo aceptara un tratamiento tan fuerte como lo son los antidepresivos no fue nada fácil, tuve que soportar mareos, vómitos, náuseas y estreñimiento, pero el dolor desapareció (no del todo, siempre me duele, un poquito, pero ahí sigue el dolor).
Si bien es cierto que toda esta odisea no ha sido para nada sencilla, ha logrado enseñarme varias cosas, las cuales quiero compartir con ustedes.

  1. Soy más fuerte de lo que creía. Mi cuerpo logró vivir 3 años con dolor constante e intenso. Ha sobrevivido medicina en altas dosis y aun así me permite estudiar, hacer ejercicio y llevar una buena calidad de vida.
  2. El camino no es fácil, pero nada es imposible. No tienen idea de la cantidad de noches que me iba a dormir llorando, porque además del dolor pensaba que nunca iban a poder decirme qué tengo. Y esa incertidumbre, era para mí más fuerte que cualquier dolor corporal. Yo quería curarme. Dios, mi padre y mis amigos han sido una fuente de apoyo como ninguna otra. A veces me sentía sola (todavía me pasa) pues la fibromialgia no se ve, muchas veces la gente no entiende por lo que se pasa como fibromiálgico. 
  3. La terapia no es sólo a nivel reumatológico, es integral. Quien le diga que con ver a un reumatólogo ya se curó, le está mintiendo. Actualmente visito a una psicóloga (quien me ayuda a lidiar con mis altas y bajas emocionales, a tratar con las personas y a aceptar mi cuerpo por lo que es), hago yoga, pilates, nado y voy con un fisioterapeuta. Todo lo anterior se complementa y requieren uno del otro para asegurarme una calidad de vida aceptable. La Cymbalta de lo que se encargó es del dolor que padecía, y al haber mejorado mi respuesta a los estímulos que mi cuerpo recibe, puedo entonces practicar cualquier deporte. Ya no me limito ni quiero que nadie lo haga. 
  4. Van a haber días malos y días buenos. Hay días en que no quiero ni puedo levantarme de la cama. Otros días despierto con mucha energía y quiero hacer de todo. En mis días malos descanso, aunque intento lo más que pueda seguir con mi vida. Solamente no me presiono.

Esta es la primera vez que relato mi historia. Si leyeron hasta aquí, muchas gracias. No saben lo que me ha costado digitar las anteriores líneas.
Mi lucha ha sido y es una lucha que varias personas en el país y el mundo tenemos que aceptar y conllevar. No somos menos por padecer de fibromialgia, ni somos inútiles. Somos personas perseverantes con un padecimiento no muy conocido y que afecta todas las áreas de nuestra vida. A todas aquellas personas que padezcan de fibromialgia en Costa Rica que lean esto, las invito a contactarme al correo electrónico evelyn.soto@outlook.com . En Occidente estamos montando un grupo de apoyo y quisiera que lo podamos extender a todo el territorio nacional. Cierro la tinta fresca de hoy enviándoles un cálido saludo. Namasté.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Si te gustó la entrada, déjanos tu comentario. Queremos saber lo que piensas de ésta tinta fresca...
P.D. Los comentarios ofensivos o con lenguaje soez serán eliminados.