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Michelle & Evelyn



martes, 24 de septiembre de 2013

Mi tiempo privado, mi terapia, mi libertad

Una brisa fría y el sol apenas se empieza asomar mientras mi cuerpo empieza a calentar y se despierta poco
a poco con cada paso que doy, con cada inhalación. Últimamente así es como empiezo mis días varias
veces a la semana, trotando mientras la mayoría aún duerme. ¿Por qué decidí hacer esto si puedo dormir más y trabajo desde mi casa? Simplemente porque mi cuerpo me lo pedía. En realidad también mi mente lo necesitaba, necesitaba que la callaran para empezar el día mejor.

Después de más de un año de trabajar desde mi casa, y a pesar de no tener que lidiar con el tráfico a ninguna hora del día ni tener que preocuparme por si llovía o no, sentía que algo le hacía falta a mis mañanas, que mis días estaban incompletos.

Yoga mejoraba cualquier día, manera ideal de cerrar; pero algo hacía falta en las mañanas cuando encendía la computadora y me sentaba en mi escritorio. Veía por mi ventana como el sol se asomaba detrás de los árboles y como ya cuando terminaba mi jornada, la mayoría de los días llovía y me sentía encerrada, encerrada viendo como el mundo disfrutaba de la brisa y el sol.

Me dí cuenta entonces de que necesitaba del aire fresco que recibía por las mañanas cuando salía a tomar el bus, y como disfrutaba de la caminata entre un bus y otro. ¿Cómo algo tan simple significaba tanto? ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Ése aire frío me llenaba y me despertaba de una forma diferente, rica.

Fue entonces que decidí empezar a levantarme un poco más temprano para salir a trotar. Sonó la alarma, me levanté, me alisté, tomé mis llaves y salí de mi casa mientras todos dormían. Una fría brisa me despertó un poco más. Conforme fui calentando y trotando me sentí bien, diferente. Miré el reloj y ya era hora de volver para alistarme y trabajar. Mi día fluyó con una energía muy positiva, fue más llevadero; y luego en la noche junto con mi clase de yoga, erradicaron totalmente cualquier negatividad que quisiera acercarse. Cuerpo, mente y alma me lo agradecieron enormemente.

Al darle un giro a cómo empezaba mis días descubrí lo siguiente:

-Sentirme presente: al entrar en una rutina a veces dejamos de sentirnos en el presente y nuestra mente divaga con mil ideas sobre cosas por hacer o ya hechas.

-Dejar ir: El correr o hacer yoga nos hacen estar ligeros para poder avanzar y disfrutar. Dejar ir.

-Apreciar el paisaje: cuando dejamos de apreciar los pequeños detalles como cuando el sol va saliendo o lo despejado del cielo, perdemos la magia de la vida. Retomemos la magia del vivir.

-Respirar: La importancia de oxigenar nuestro cuerpo y nuestra mente son indispensables para cargarnos de energía, hacer que ésta fluya por nuestros órganos y revitalizarnos.

-Libertad: La sensación del viento contra mi rostro mientras dejo todo atrás y avanzo simplemente sintiéndome viva, sintiendo mi cuerpo y sintiendo y disfrutando lo que está a mi alrededor, es una de las mejores sensaciones, ¡sentirme libre!

A veces nos quejamos de levantarnos temprano, pero es porque hemos dejado de apreciar todos los detalles y el paisaje del amanecer. "La vida es levantarse una hora más temprano para vivir una hora más."


¡Namasté!

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