Hubo algún momento en mi vida, cuando las cicatrices me parecían desagradables y algo que debía ocultarse, porque se veían "feas". Lo mismo pensaba de los tatuajes, que únicamente personas sin un trabajo serio o con cierto estilo de vida tenían. Sí, muchos prejuicios; todos insensatos.
Actualmente tengo varios tatuajes en mi cuerpo, y el arte corporal me parece simplemente bello. ¿Qué pienso ahora de las cicatrices? No deben esconderse, son marcas de guerra que indican que logramos sobrevivir a esa batalla y no nos dimos por vencidos. Me gusta ver a los tatuajes como cicatrices hechas con tinta, porque en la mayoría de los casos, quienes llevamos tinta en nuestra piel es para recordar algo que nos marcó o algo muy significativo para nosotros.
Mis primeros tatuajes fueron representaciones de algo que siempre quería tener en mi vida; sin embargo, con los años, la vida se puso un poco compleja, era hora de crecer y aprender unas cuántas lecciones. Recuerdo bien el momento en el que mis migrañas empezaron a visitarme con más frecuencia, y el estrés era su leal compañero; mientras que por otro lado yo quería tener control absoluto sobre todo lo que estaba ocurriendo en mi vida. Lo intenté. No pude. Estaba desgastada emocional, física y mentalmente. En una reunión de trabajo, al terminar, mi jefe se dirigió a mí porque notó que no estaba bien, y recuerdo claramente sus palabras: "Recuerda, no es una carrera de velocidad, es una maratón...ve a casa a descansar, mañana continúas." Tenía razón. Luego de eso, decidí grabar en mi piel "un paso a la vez", me tatué mi pie derecho, para recordarme que no debo intentar controlarlo todo, que el futuro llega un día a la vez, y ¿por qué no iba a vivir así entonces?
Una de mis más bellas cicatrices, después de a ver sufrido, y enfrentado momentos difíciles, entendí que si llevaba todo con calma y poco a poco, podía lograr lo que quisiera. Y así, un paso a la vez, es que he logrado cambiar mi vida para bien, que me he aventurado a vivir más plenamente, sin correr.
Y ése no fue el último de mis tatuajes, o mis cicatrices hechas con tinta -como también me gusta llamarles-. Seis cicatrices a color y con diseños, representan que he podido superar etapas difíciles, que soy una guerrera, que aunque a veces caigo y me lastimo, vuelvo a levantarme y continúo.
Si quienes leen esto tienen cicatrices, de cualquier tipo, no se sientan avergonzados de ellas, recuerden que son sus marcas de guerra, de batallas sobre las que nadie sabe, pero las cuales han logrado sobrellevar, y aquí están, más fuertes que antes. Las cicatrices también son bellas, son únicas, no hay dos iguales y nadie tendrá otra en el mismo lugar. Son muestras de que estamos vivos, y tenemos una historia que contar.
¡Namasté!


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