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Michelle & Evelyn



sábado, 26 de octubre de 2013

Mientras el sol calienta el boulevard...

5:50 am, el sol empieza a calentar el boulevard. El boulevard que parece estar salpicado por miles de rostros, personas apresuradas que parecen caminar al ritmo de sus relojes.
Muchísimas caras serias, somnolientas e incluso algunas angustiadas. Mucha prisa. Demasiada para mi gusto.
La mayoría parece ir en modo automático, parecen ignorar el sol que calienta, el cielo despejado coloreado con una que otra nube; los colores a ésa hora del día, la brisa fresca.
El escenario me causa sentimientos encontrados. Me invade una sensación ya conocida, algo que dentro de mí pide romper ésa rutina; no ser parte de ése grupo de empleados que corren apresurados sin disfrutar del amanecer, de lo que representa. No quiero llegar a odiar el despertar un poco antes de que salga el sol.


Y no puedo evitar preguntarme si, ¿seré la única que piensa y siente esto en las mañanas? ¿Habrán más que ven más allá del recorrido al trabajo; que anhelen romper esquemas y rutinas? ¿Sentirán el sol o lo toman por un hecho y pasa a ser rutina? ¿Los invade el deseo de aventurarse a lo desconocido dejando todo atrás?

Nuevamente observo los rostros de quienes se cruzan en mi camino, por sus expresiones diría que no son muchos. Y sí, estoy consciente de que todos vivimos situaciones y realidades distintas, y que algunos sólo desean vacaciones y no un cambio de estilo de vida.
Personalmente, puedo decir que estoy llegando a mi límite y el volar, cambiar de aires y paisaje se ha ido convirtiendo en necesidad. "Salta y la red aparecerá" ha estado dando vueltas de mi corazón a mi cabeza y de la cabeza al corazón nuevamente.
¿Seguir la intuición o seguir la lógica? ¿Aventura o rutina? Continuo caminando hasta llegar al autobús. Me siento, enciendo mi reproductor de música e intento encontrar calma porque voy camino a la oficina y sé el día que me espera en un cubículo. Un día a la vez, con calma. Luego, llego a una conclusión: fecha límite. Sí, las fechas límite nos empujan y nos hacen darnos cuenta de qué tanto queremos lo que decimos/creemos querer.
¿Saltar? Sí, pero decidiendo desde dónde.

¡Namaste!

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