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Michelle & Evelyn



lunes, 29 de julio de 2013

Cosas por hacer: 1) Aprender a volar 2) Volar lejos

Volar. Pensar en volar me hace pensar no solamente en las aves, los aviones o el cielo. La palabra volar trae a mi mente otras palabras como libertad, explorar, descubrir, viajar, expandir, cambiar. Lo resumo en “wanderlust”. Hasta donde sé, la palabra “wanderlust” en español no existe como tal, sí tiene su traducción, pero es una frase y no una sola palabra, y es definida como el deseo o urgencia por viajar.

Viajar, ser un extraño en una ciudad o pueblo donde nada es familiar, donde el pasado y el futuro no existen y sólo está el presente en su plenitud. Donde solo hay lugar en la mente para contemplar el paisaje, explorar y disfrutar cada bocanada de aire foráneo, que llena mis pulmones, mente y alma de vida.
Donde todo cuenta una historia. Donde las cosas más sencillas son increíblemente hermosas y cada día es distinto. Quizá, así es como se siente un niño(a)  cuando visita un parque de juegos; donde todo se convierte en una aventura y nos entusiasma.

¿Dónde muere el entusiasmo entonces?

En la rutina, en las reglas y conceptos establecidos por la sociedad. Nos convertimos entonces en prisioneros de la rutina encerrados en jaulas de cristal, de oro o cualquier material costoso. Nos dedicamos a trabajar, estudiar, comer, dormir y luego cuando tenemos tiempo, se decide no hacer nada para descansar de la rutina. Sin darnos cuenta, ése no hacer nada se convierte en parte de la rutina.

No hacer nada… ¡¿Es en serio?! No me puedo sentir más muerta en vida que al encontrarme “encerrada” -y sí, entre comillas, porque en ocasiones nosotros(as) mismos(as) nos encerramos- entre las paredes de una habitación, con la televisión encendida todo el día. Simplemente eso me deprime, me desespera un poco cuando sé que más allá de las montañas que se ven por la ventana, hay miles de lugares por descubrir, por explorar, ¡por vivir!

Con viajar no necesariamente me refiero a ir de turista a algún lugar, eso cualquier persona con un poco de dinero puedo hacerlo, y personalmente considero que un turista sigue bajo todas esas ideas que aprisionan al alma y la mente, gracias a la sociedad consumista en la que se vive. Muchos buscan escapar de esa rutina buscando paquetes de viajes, con horarios y tarifas establecidas (no hay nada de malo en eso, salvo que siento que limitan lo que se puede hacer o disfrutar del viaje a un costo un tanto alto) se disfruta, sí, pero ¿se exploró? ¿Se sintió como un niño en un parque o se sintió como una de esas visitas a ver de todo rápidamente pero sin poder en realidad vivirlo?

Considero que es mejor ser un viajero, disfrutando cada kilómetro que se recorre durante el viaje, sin prisas, sin una ruta estricta por seguir, con la libertad de detenerse donde y cuando se desee. Disfrutar de los hostals, de la comida local, sumergirse en el lugar.

El “wanderlust” ha invadido mi ser y quiero recorrer mi país, el mundo; explorar cada rincón, cada detalle, saborear, fotografiar, vivir cada posible experiencia. Sentir la lluvia, el sol, el viento, el frío, el calor. Quiero aprender a volar y volar lejos, no dejar de vivir ni un sólo día.



¡Namasté!

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