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Michelle & Evelyn



martes, 16 de julio de 2013

Si yo fuera un gato…

Como amante de los animales que soy, me encanta prestarle atención a sus comportamientos y cómo reaccionan ante ciertas circunstancias. Hace unos días le presté atención a mis gatos, y al igual que los seres humanos, cada uno tiene su propia personalidad. Al ser amante de estos felinos, en varias ocasiones me ha cruzado la mente la idea de que si yo fuera un gato la vida sería más sencilla.
Luego de analizarlo un rato y de observar a mi gato, me di cuenta que hay muchas actitudes y cualidades de un gato que podemos imitar, y por qué no, ver la vida desde una perspectiva felina.


-Estirarse. El cambiar de posición, estirar músculos y tendones ayudan a mantener la flexibilidad en nuestro cuerpo y esto favorece la salud. Los gatos son los animales cuya flexibilidad es excelente, pero aunque estos felinos no pasan activos las veinticuatro horas del día, sí pasan estirándose constantemente. ¡Algo que podemos imitar de ellos!

-Descansar. A veces le exigimos a nuestro cuerpo y nuestra mente ir más allá de nuestros límites; el exigirnos un poco más no está mal, lo malo es desgastarnos en ese sobre esfuerzo. No hay nada de malo en descansar, tomar una siesta, sentarnos un momento y sentir y agradecer a nuestro cuerpo.

-Explorar. El descubrir cosas nuevas, ser curiosos por qué hay en otros lugares; todo esto nos hace sentir bien, sentir vivos. Los gatos por naturaleza son curiosos y exploradores, siempre subiéndose en los árboles para ver qué hay ahí; ven algo moverse entre el zacate y se acercan sigilosamente para descubrir qué es. No perdamos la curiosidad, ésta nos mantiene jóvenes.


-Jugar. Otro aspecto que dejamos de lado, bien lo dijo George Bernard Shaw “No dejamos de jugar porque nos hayamos hecho viejos. Nos hacemos viejos porque hemos dejado jugar” Seamos como los gatos siempre con energía para jugar sin importar la edad.

-Expresividad. En ocasiones olvidamos expresarnos, las emociones hay que dejarlas salir (tanto negativas como positivas) no es bueno encapsular todo lo que sentimos, hay que dejarlo fluir para que no nos dominen. Los gatos, aunque no hablen, son muy expresivos con sus gestos, movimientos de cola y demás.

-Honestidad. Viene de la mano con la expresividad; si algo no nos gusta seamos honestos (con los demás y con nosotros mismos). Si no queremos estar en algún lugar porque nos sentimos incómodos, cambiemos de lugar. Igual que un gato es honesto cuando no quiere que se le acerquen o prefiere estar en otro lugar, seamos honestos.

-No tener miedo a caerse. Bien dicen que los gatos siempre caen de pie. Esto sucede en la mayoría de los casos, mas no siempre. Los gatos también se caen, pero se levantan de inmediato, diría que por reflejo. Si dejamos de lado el miedo a caernos, podemos avanzar más, explorar, aprender, disfrutar y vivir más plenamente. ¿Y si nos caemos? ¡Nos levantamos y listo!

-Estar presentes. Esto es algo que no le voy a atribuir solamente a los gatos, sino a toda la especie animal. Los animales viven en el presente, sin pasado que los persiga o atormente, ni un futuro que les genere estrés; llevan sus batallas una y un día a la vez. Si nos enfocamos en vivir en el aquí y el ahora, a disfrutar y sentir todo lo que nos rodea en este instante, nos empezaremos a sentir mejor.

“Si yo fuera un gato, todo sería más fácil.” Aunque quizá no podamos ser gatos, podemos adoptar las cualidades de éstos felinos y ver las cosas con una perspectiva más zen.


Namasté!

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