La idea de vivir al cien por ciento, seguir nuestros sueños,
aventurarnos a algo nuevo es algo que la mayoría de los seres humanos
anhelamos, pero ¿lo hacemos?
El miedo no es necesariamente temerle a la oscuridad, a una serpiente,
a una enfermedad, entre otros. El miedo va más allá y está presente en la cotidianidad
como pequeños temores que nos detienen de hacer aquello que nos gustaría pero
decidimos que mejor no. ¿Por qué? Por miedo.
Recuerdo hace unos meses cuando el miedo se apoderó de mí y
era mi compañero constante (indeseable, mas constante). Empecé el día laboral
un poco tensa y algo triste, luego todo empezó a parecer irreal, me sentí
desconectada de mi realidad y quería gritar, correr, escapar muy lejos…sin
embargo estaba inmóvil. Sentí haber perdido el control. Me retiré de mis
labores y en un estado de nerviosismo que jamás había experimentado me dirigí
al consultorio del doctor. La espera en esa pequeña sala de espera, rodeada de
gente enferma de algún resfriado o virus, fue interminable. Cuando logré ver a
la doctora, mis manos estaban temblorosas y sólo pude decir “no sé qué me pasa…
siento que no soy yo…” Un ataque de pánico me llevó a pasar varios días sin
trabajar, empezar un nuevo medicamento y me trajo semanas muy difíciles desde
ése día en adelante. El miedo se había convertido en algo físico y
constantemente me sentía enferma, mareada, con náuseas y las migrañas eran
intensas y constantes.
Luego de ir a una cita urgente con mi neurólogo, realizar
cambios de medicinas y hablar con él, me explicó que todos mis síntomas físicos
eran producto de la ansiedad y de mi miedo a que me pasara algo, que debía
aprender a lidiar con las situaciones a las que me enfrentaba. Habiendo dicho
esto mi doctor, decidí aprovechar mis días de vacaciones e irme unos días a la
playa a despejarme. De camino en el ferry, los síntomas eran horribles, creí
que no lo iba a lograr. Al llegar al hostel donde me hospedaría la calma llegó.
No tenía computadora, televisor ni radio. Y aunque hubiera señal de wifi y
tuviera mi celular, no me hacía falta saber qué ocurría en el resto del mundo.
Puedo decir que mis miedos se los llevó la brisa del mar y se fueron junto con
la ola que me revolcó en la playa. Me sentí viva, libre, sin miedos ni
preocupaciones, estaba totalmente presente.
Fue entonces que me di cuenta de lo dañino y destructivo que
puede ser el miedo. Siempre había hecho lo que sentía que debía hacer, como
dejar mi carrera universitaria porque no quería estudiar algo que no me
apasionaba ni trabajar en eso. Sin embargo, el miedo y la ansiedad se habían
apoderado de mí y por eso no me sentía yo misma. El miedo, si lo permitimos se
adueña de nuestras acciones (en realidad nos paraliza porque por miedo dejamos
de actuar). No es necesario pasar por una crisis como la que yo pasé para poder
comprender que el miedo no nos deja vivir plenamente. Existen diversas
manifestaciones del miedo, miedo al qué dirán los demás si hacemos lo que
queremos, miedo a que no nos acepten, miedo a fracasar, miedo a lo desconocido,
miedo al cambio, miedo a intentar algo nuevo.
Recuerdo haber leído la frase “¿Miedo? ¿Y qué más da?” y me encanta recordarla cuando el miedo
quiere adueñarse de mis pensamientos, y le demuestro a la mente que sí puedo
enfrentar mis temores, haciendo eso a lo que le temo y probándome a mí misma
que soy yo misma quién me detiene o me impulsa. Que el miedo no nos detenga de
seguir nuestra intuición, de ser como queramos ser, de realizar nuestros
sueños, de crear nuestro propio camino, porque vivir con miedo no es vivir.
Namasté!
Hola, interesante vivencia sobre cómo enfrentar la ansiedad el ataque de pánico. Te comparto este post que es una pequeña metáfora del miedo al miedo, espero que te agrade http://www.ficcionblog.com/2013/03/ataque-de-panico.html
ResponderBorrarHola Julio! Muchas gracias por compartir el post sobre el miedo al miedo :)
BorrarCon todo gusto!! Slds!
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