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Michelle & Evelyn



viernes, 23 de agosto de 2013

Enamorada del fantasma y de sus recuerdos...

Hace un tiempo (y por una de esas trampas sentimentales del corazón) retomé el contacto con un ex. Lo sé, grave error (ya lo pasado, pasado y todo lo demás...). Y es que el problema no fue haberle hablado de nuevo, sino que el conflicto se dio cuando entré en razón y me di cuenta de que le estaba hablando a otra persona, una que no era precisamente de la que me había enamorado y mucho menos la que mi corazón recordaba con nostálgico cariño.


El engaño surge cuando nuestro cerebro crea una especie de intricada red de fotografías mentales con los más preciados momentos de relaciones pasadas, lo cual nos hace creer que esas personas, es decir, esas anteriores relaciones son solamente el conjunto de los buenos recuerdos, pues es lo que con más fuerza nos presenta nuestra mente.

Lo cierto es que dicho truco mental se hace visible cuando profundizamos en aquella relación y se revela ante nosotros la verdadera identidad de esa persona: todo lo malo y lo feo, lo bonito y lo emocionante. Es aquí donde debemos plantearnos lo siguiente: ¿Lo/a extraño a él/ella o extraño la sensación de bienestar que me generan sus recuerdos?

La anterior pregunta no debe ser tomada a la ligera, puesto que determinará si le abrimos la puerta a esa persona o si simplemente la cerramos (con 3 candados o más, por aquello).

En mi caso, he concluido que le tengo cariño a los lindos recuerdos, pero esa persona no es la que me hace sentir melancolía. Y no tiene nada de malo que dicha persona haya cambiado. Sino que su transformación nos hace cero compatibles y eso, aunado a la historia de nuestra relación, anula cualquier intento de recomenzar.

Por último, los invito a poner las cartas sobre la mesa y confrontar los recuerdos con la esencia de la persona amada/odiada/extraña (cual sea el caso), de esta forma será más fácil evadir el nostálgico engaño de la mente. Namasté.


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