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viernes, 16 de agosto de 2013

La necesidad de una palabra impecable

Aquellos que hayan leído alguna vez "Los cuatro acuerdos" de Miguel Ruiz, encontrarán que mi publicación de hoy hace referencia a uno de dichos acuerdos: el de la impecabilidad de la palabra.

Hoy quiero hablar de la importancia de tener una palabra impecable, es decir, de que la manera en que nos expresemos con las demás personas no sea vea permeada por los pensamientos tóxicos o destructivos que podamos albergar.


Y es que usualmente, no le damos importancia a las palabras que salen de nuestra boca. Pensamos rápidamente y hablamos, o a veces ni siquiera pensamos lo que vamos a decir. Emitimos juicios personales sobre individuos que no conocemos o nos expresamos de manera hiriente con aquellos que nos rodean. Si tan sólo conociéramos la trascendencia del daño que podemos provocar al solamente utilizar la palabra incorrecta. Una palabra de amor o de aliento cura más rápido un corazón desesperanzado que el mejor de los bálsamos y por el contrario, una palabra llena de rencor, entristece y quiebra los espíritus frágiles.

A todo esto, no digo que no sea una de las personas que razona ampliamente antes de hablar y se expresa de manera sabia. Soy humana y como humana muchas veces he herido a quienes más quiero al decirles cosas que no sentía verdaderamente; ahora bien, déjenme decirles que me comprometido a mejorar el uso que le doy a mi palabra. Me he prometido hablar de alguien sólo cuando sea para resaltar su buen trabajo o elogiarle (de corazón, sin zalamerías) y a la vez procuro pensar dos veces antes de decir algo hiriente (aunque a veces al poseer un temperamento fuerte como el mío no es tarea fácil).

Finalmente quiero cerrar este post con un consejo y una pequeña reflexión. El consejo: utilicemos la palabra como una bendición, no como un arma. Sanemos heridas, no las creemos. Y la reflexión es la siguiente, una frase del filósofo español Juan Luis Vives:"No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras."

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