Leyendo uno de mis libros
preferidos me encontré con ésta frase “Las ruinas son un regalo, son un
camino a la transformación.”
(Comer, Rezar, Amar-Elizabeth Gilbert) y desde entonces la tengo presente.
Después de
alguna ruptura sentimental, de enfrentar situaciones que nos marcaron de una u
otra manera es importante, me atrevería a decir que indispensable, darse tiempo
para uno(a) mismo(a) y sanarse. Lo sé por experiencia propia. Hace poco más de
un año estaba pasando por cambios drásticos, un nuevo trabajo, el reto de
decidir si continuar con la universidad o no, relaciones personales un tanto
complejas, nuevas personas que empezaban a influenciar mi vida. Yo, por
supuesto quería empezar con todas las novedades y retos que tenía en frente
hasta que me ví forzada a hacer un alto, no avanzaba; me encontraba estancada y
me sentía desconectada de mí misma. Me sentía perdida, con ganas de avanzar
pero confundida.
Empecé a buscar algo que me hiciera sentir viva, que me
hiciera sentir yo misma. Necesitaba reavivar la pasión por vivir que sabía había en mí. Entonces empecé a
buscar libros para leer por placer y no por obligación, compré ropa deportiva
y un mat de yoga y averigüé exhaustivamente hasta encontrar un estudio de yoga
(el cual amo) y empecé a escribir nuevamente. Fue entonces cuando entendí que
estaba intentando viajar con mucho equipaje, y que ignorar las cosas no iba a
hacerlas desaparecer. Momento duro: enfrentarme a mí misma.
Había pasado por
un torbellino de emociones, por eso me sentía desubicada y adormecida, y no
podía ignorarlas, pero tampoco podía seguir sufriendo por algo que consideré
superado. ¿Qué hacer? Como quien revisa su maleta, sacar una por una las cosas
que carga y ver cuáles me son útiles y cuáles es mejor dejar ir. Quería llegar
al fondo de la maleta porque sabía que ahí iba a encontrar lo que tanto
necesitaba, me iba a encontrar a mí misma, mi “yo interior” con quién había
perdido conexión por tanta rutina. Así empecé mi proceso de sanación interna.
Esto algo de lo que he
aprendido en mi proceso de sanación:
- Hacer una pausa. Siempre es bueno detenerse a revisar el mapa, ver dónde estamos y si queremos seguir el mismo camino o no
- Reconectarse. A veces dejamos de escuchar a nuestra intuición, a nuestra alma; y dejamos que las voces externas hablen más fuerte que nuestra propia voz. De aquí la importancia de reconectarnos con nuestro “yo interior”. Buscar hobbies, actividades que disfrutemos y nos hagan sentir vivos(as).
- Disfrutar. Aprender a disfrutar tanto de la lluvia como del sol. No seamos tan perfeccionistas ni exigentes con nosotros(as) mismos(as).
- Dejar ir. Sin miedo, dejar ir lo que ya no nos sirve.
- Perdonarnos. En ocasiones, parte de la carga que arrastramos es porque no nos hemos perdonado por errores pasados.
Entonces es momento de cuestionarse: ¿sufrir o sanar? La decisión es completamente nuestra, y cito a Oscar Wilde “Vivir es la cosa más rara del mundo. La mayoría de las personas existen, nada más.” De aquí otra interrogante ¿vivir o solamente existir?
Namasté!
Siempre me parece curioso que en los meses de agosto-setiembre empiezan mis momentos de cambios. Quiera o no quiera, me veo obligada a revisar la maleta y sacar todo aquello que no me deje viajar ligero. Estoy en ese proceso, duele, pero es inevitable.
ResponderBorrarY abro mi lector de feeds y me encuentro con este post...!!!
Hola Heidy! Si escuchamos a nuestro "yo interior" la vida y el universo nos ponen en el camino señales y/o recordatorios que necesitamos [como este post] :) Y por supuesto todo proceso es doloroso pero una sale más fuerte y más llena de vida, por lo que es necesario. Adelante con el proceso de sacar todo lo que no necesitas, para así poder viajar ligera y disfrutar más!
ResponderBorrarMe gustó mucho esa última frase y de verdad lo deja a uno pensando... hay que tratar de vivir no solo existir. Las cosas pasan y hay que volver a empezar.
ResponderBorrarSaludos!