Cuando era niña, veía al mundo como un lugar mágico, perfecto, donde todo era paz y alegría; y siempre la lluvia terminaba regalándonos un arcoiris.
Como adulta me dí cuenta de que el mundo no es lo que llamaríamos "perfecto", no todo siempre es paz y amor, y parece que la magia se esfuma. Creo que todo se debe a lo que consideraríamos como "perfecto" deja de serlo, o la definición que le daríamos a "perfecto".
De niña, perfecto era saber que siempre iba a estar a salvo, que no habían más dificultades que intentar correr más rápido que el compañero de al lado, poder agarrar el control remoto de la televisión para poder ver los dibujos animados. Pues todo lo que estuviera más allá de mi casa y mi barrio no era cuestión de preocuparse. Sabía que mis padres me protegían de todo aquello que pudiera dañarme.
Tuve una niñez de la que no me pueda quejar, tuve todo lo que necesité, y todo lo que podía querer disfrutar.
Hoy, sé que el mundo no es un lugar "perfecto", no tengo mi futuro definido... y la verdad, no importa. Me he dado cuenta, que a veces nos complicamos dejando que un pensamiento o alguna situación que nos ocurrió, dé más vueltas en nuestra cabeza de las que debería, pasando a nuestro corazón y por ende quedándose más tiempo del permitido.
¿Por qué cargamos más de lo que debemos? ¿Por qué dejamos que la magia y los sueños se los lleve el viento? ¿Por qué convertirse en adultos tiene que ser un proceso doloroso y complejo?
Me niego a vivir como adulta...no porque no quiera crecer y quiera evadir responsabilidades. No, ese no es el caso. Lo que no quiero es que mi cabeza tenga más fuerza que mis sueños, y que borre la forma en que veía el mundo cuando era niña. Me niego a ver el mundo como un lugar inseguro y lleno de peligros. Me niego a dejar de sonreír y callar lo que siento. Me niego a dejar de creer, a dejar de intencionar.
Quiero vivir a como cuando era niña, un día a la vez. Cargando una cosa a la vez, experimentando y sintiendo; saboreando la vida poco a poco, sin prisa. Aprendiendo a avanzar a mi ritmo y no al de los demás, disfrutando cada paso que doy y el camino por el que voy. Sintiéndome viva todo el tiempo. Y hoy sé, que eso no depende de mis padres, no depende de nadie más que yo misma. Depende de mí que mi mundo siga siendo perfecto, a dejar ir para no cargar lo que ya no sirve. Depende de mí con que ojos vea al mundo y a la vida.
¡Namasté!

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