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jueves, 23 de enero de 2014
¿Está tu dieta mental desalentándote?
Lo que ponemos en nuestros cuerpos llega muy profundo. Muy dentro en nuestras venas, dentro en las células que nos hacen "nosotros". Esto lo sabemos. Sabemos que una cucharadita de azúcar desencadena una cascada inmediata de reacciones - la insulina es secretada y las glándulas adrenales entran en acción. A largo plazo, docenas, cientos y (jadeo) miles de cucharaditas de azúcar pueden tener enormes consecuencias. Diabetes, ¿alguien? ¿Sofisticada inflamación crónica, cambios de estado de ánimo?
Pero ¿qué hay de lo que ponemos en nuestras mentes? ¿Qué tan profundo llega la información que registramos? ¿Qué sucede en el cerebro y en el sistema nervioso cuando vemos violencia sin sentido? ¿Qué sucede cuando comemos publicidad diseñada (sí, intencionalmente) para hacernos pensar que no somos suficientes - que necesitamos más cosas para estar bien? ¿Qué pasa cuando cultivamos pensamientos de separación? ¿Qué sucede dentro de nuestras mentes cuando actuamos con esos pensamientos?
Lo que hacemos con nuestras mentes llega profundo, y nuestra dieta mental importa.
Aprendí esta verdad empezando mis 20s cuando, a través de múltiples retiros vipassana, exploré algunas de las profundidades de mi mente y estaba intrigada, tomándolo con humor, perturbada y pasmada de encontrar que profundo en los recovecos estaba, bueno, casi todo lo que le había dado a mi mente. Le había dado a mi mente televisión sin sentido y películas de miedo. Le había dado libros, diarios y revistas. Desde padres hasta profesores, mucha de la información a la que le prestaba atención estaba en mi mente. Alguna de la que estaba ahí era importante- solamente necesita ser recargada y refrescada. Pero mucho a lo que le había prestado atención en mi vida estaba obsoleto, era de poca ayuda o simplemente inútil. En el peor caso alguna de esta era dañina, avivaba emociones de enojo, codicia y temor. Guardado en alguna parte, ocupando caminos neurales que de lo contrario podrían ser utilizados como medios efectivos, era un montón de basura. Durante el periodo desafiante también paseé por los recuerdos de cada cosa horrible que he hecho, pensado, dicho y experimentado. Me sentí terrible pero como dice el refrán "cuando vayas por el infierno, continúa caminando" y lo hice.
Como he estado reflexionando en la noción de la dieta mental, me encontré con el artista conceptual Jonathon Keats. Este tipo lo entiende, y su reciente y poderosa instalación con plantas de hogar me tiene intrigada.
Imagínate esto: siete plantas de casa están frente a pantallas "viendo" un documental. Variadas ondas de luz emanan de la televisión y son absorbidas por las plantas - convirtiéndose en energía química a través del proceso de la fotosíntesis.
La escena es obviamente absurda. Una ridiculez en la noción de una "dieta" de televisión hasta que entramos en razón de que esta noche, en la mayoría de los hogares, será la dieta mental de las masas.
Listos en frente de la pantalla consumimos información. Alguna es importante, relevante y educacional, pero mucha de esta no lo es. Aparentemente la persona joven promedio ve más de 3,000 anuncios en la televisión, internet, vallas publicitarias y en revistas por día. En un año, vemos más de 40,000 anuncios solamente en la televisión.
Igual de preocupante es el hecho de que creemos que somos inmunes a esto.
La psicóloga clínica y autora Margaret Singer fue una experta en el tema y señaló la inclinación que nos hace creer que los mensajes de los medios afectan exclusivamente a otras personas:
"Justo como la mayoría de los soldados creen que las balas alcanzarán a otros, no a ellos, a la mayoría de los ciudadanos les gusta pensar que sus propias mentes y procesos de pensamiento son invulnerables. 'Otras personas pueden ser manipuladas, pero yo no,' declaran. A las personas les gusta pensar que sus opiniones, valores e ideas son inviolables y totalmente auto-reguladas. Pueden admitir a regaña dientes que son ligeramente influenciados por la publicidad. Más allá de eso, quieren preservar un mito en el cual otras personas son de mente débil y fácilmente influenciadas, pero ellos son de mente fuerte."
Pero no somos inmunes. Podemos estar inconscientes de lo que le estamos dando a nuestras mentes, pero no somos inmunes.
La meditación trae atención a nuestra consciencia. Nos volvemos más conscientes de a dónde se dirige nuestra atención y hacia qué. También nos volvemos conscientes de nuestra habilidad de escoger. Surgiendo de la simple práctica de sentarse en silencio y dirigir nuestras mentes de vuelta a nuestra respiración (o mantra), cultivamos la capacidad de elegir y cuando realmente damos el paso hacia la verdad de lo que significa, nos volvemos más conscientes de lo que le damos a nuestras mentes en la vida diaria.
Los nutricionistas comúnmente le piden a sus clientes que mantengan "diarios de comida" para tener un entendimiento acertado de lo que consiste su dieta diaria y semanal. Quizás nosotros los meditadores podríamos hacer lo mismo y mantener un registro de con lo que le llenamos a nuestra cabeza. Es mi experiencia que cuando obtenemos una vista clara de nuestra dieta mental, tendemos a hacer elecciones más conscientes. Nadie quiere vivir en el equivalente mental de cadenas de comida rápida.
*Artículo tomado de Mind, body, green versión original en inglés "Is your mental diet bringing you down?" Traducción propia.
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