No comprendía ni a Neruda ni a Benedetti.
Sus versos me parecían poblados de sentimientos difusos,
de vanas ilusiones,
de tragicomedias imposibles.
Ahora entiendo sus sonetos,
me perfumo con ellos para ver a mi amado.
Sonrío al escuchar una canción de amor,
pues mi corazón hace eco de su lírica
y mi sonrisa dibuja recuerdos con él.
Y es que había yo confinado mis sentimientos a una torre,
en la cual palidecían lentamente,
por un invierno eterno,
y cada vez sentía menos,
pero olvidaba más.
Mi corazón metálico y gélido
me había abandonado.
¡Y es tan difícil para un alma sensible
caminar sin corazón!
Ahora me siento dichosa,
pues mi corazón ha perdido el frío
que recubría su armadura,
ha botado el metal,
se ha recubierto en piel,
en cálida piel.
Y ha tocado mi puerta.
Ha regresado a mi pecho.
Ahora entiendo lo que es sentir,
pues le has devuelto la tibieza a mi pecho,
le has escrito a mi robótico corazón,
le convenciste para que volviera.
Y conversas con él a diario,
le riegas con agua tibia del mediodía,
y lo empapas de amor.
Ahora entiendo a Benedetti y Neruda.
Ahora entiendo tu amor.
Ahora tengo todo lo que necesito.
Aquí, conmigo. Ahora.
* Ilustraciones cortesía de deviantART


la verdad me identifico mucho con todos tus escritos...que talento el que llevas dentro, Dios te bendiga :)
ResponderBorrar¡Muchas gracias! Amén, bendiciones :)
ResponderBorrar