Una de las cosas que me prometí cuando era adolescente es esto: no olvidaría jamás lo que es ser tan joven como para no tener preocupaciones y vivir el día a día, no dejarme envolver por la bruma de la edad "adulta". Y es que cuando se hace la transición a la segunda etapa de los veinte, pareciera que el alma pone cada vez más distancia entre nuestro niño interno y nosotros. Nos agobiamos por todo tipo de obligaciones que cuando éramos más jóvenes nos parecían risibles: hacer plata, conseguir y mantener el trabajo, las relaciones sociales (dicho sea de paso las sentimentales), el jefe, la universidad, entre otros.
Tenemos menos tiempo para hacer lo que queremos, conseguimos dinero pero no lo disfrutamos o vivimos pensando en el próximo "brete de la u". Es decir, nos la pasamos viviendo en cualquier otro tiempo menos en el presente.
Así las cosas, ¿qué pasa con nuestra vida? ¿Invertimos nuestro tiempo en lo que realmente queremos o es que la vida nos pasa de lado?
Mi respuesta es: todo depende. ¿De qué? De si podemos disfrutar y sonreírle al atardecer, de si tomamos el tiempo para ver a los que extrañamos o de si nos dejamos ir y estamos realmente en el momento, (pero de verdad, sin reprimirse y quedarse con el disfraz de "yo soy un adulto").
Cada vez que me siento muy adulta, recuerdo cuando tenía quince años y a veces en el trayecto hacia mi casa del colegio decidía no sacar la sombrilla en una tarde lluviosa y caminar despacio bajo la lluvia (me llevaba un solemne regaño por parte de mi madre siempre, pero era lo de menos). La enseñanza de toda esta anécdota es que, de vez en cuando es bueno caminar bajo la lluvia, es decir, atrevernos a ser niños, jóvenes, a tener esa despreocupación infantil y a enfocarnos en sentir la lluvia que nos toca, la libertad que nos empapa y que el amor es el que nos abraza.
Ahora bien, no los estoy incentivando a que salgan a empaparse en medio de un temporal, sino que elijan su "caminata bajo la lluvia", hagan eso que los libere, que les permita ser niños y sonreír sin estrés alguno, sin ataduras ni condiciones. Caminen bajo su lluvia, dejen la sombrilla dentro de la mochila y no se preocupen por el regaño de mamá. Es lo de menos.
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Gracias y hasta siempre.
Michelle & Evelyn
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Michelle & Evelyn
viernes, 9 de agosto de 2013
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Lo que siempre he querido hacer es caminar debajo de un aguacero, dejar que la misma lluvia torrencial sea la que se lleve lo que deba llevarse y me limpie el alma mientras lloro sin tener un motivo, solamente llorar para limpiar el alma... pero esa parte "adulta" me retiene y me dice que se me va a mojar el bolso o que me puedo resfriar... y al final termino escapándome de la lluvia....
ResponderBorrarSí, cuesta desprenderse de la parte "adulta" y disfrutar el caminar bajo la lluvia. Gracias por su comentario :)
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