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Michelle & Evelyn



viernes, 6 de diciembre de 2013

Las emociones NO son como caballos salvajes...

Hace varios años, durante mi fase de adolescente, pasé por  mi (ahora vergonzosa) etapa "Coelho", es decir, leí prácticamente todo lo que el autor brasileño publicaba en ese entonces.
En uno de sus libros más famosos encontré una cita que textualmente decía: "las emociones son como caballos salvajes."
Dejando de lado mi opinión actual sobre el escritor (la cual no es muy buena, he de admitir), quiero referirme a la frase anteriormente mencionada.
¿Las emociones son realmente caballos salvajes? ¿Son realmente así de indomables, incontrolables y arrolladoras? Honestamente, no lo creo.
Ahora bien, no voy a decir que se puede ir dirigiendo lo que se va a sentir cual si yo fuera un director de orquesta y pudiera pautar uno por uno los sentimientos que mi alma/cuerpo/mente va a procesar. Eso es difícilísimo, sino imposible.
En un ejemplo, si mi pareja habla conmigo para terminar la relación, no puedo así como nada decirme: "no voy a sentir tristeza, punto" o "no me duele"; puesto de que duele, duele.
Todos sentimos, querramos o no. Con diferentes intensidades, en diferentes tonalidades.

Así las cosas, ¿a qué me refiero cuando digo  que las emociones no son caballos salvajes? Pues bueno, cuando digo que las emociones efectivamente NO son equinos indómitos (jajaja), es porque creo firmemente que nosotros sí podemos controlarlos, si bien no podemos decirnos qué sentir, por el contrario, sí podemos decidir cuánto vamos a hacerlo y si vamos a permitir que nos afecte o no. Es decir, nosotros marcamos la línea de meta.

Aún cuando creamos que esas emociones pueden más que nosotros, lo que en realidad marca la diferencia es la actitud que asumimos (y créanme, no soy poseedora de una fría serenidad que me permita marcar ese "hasta-aquí!", pero aprendo cada día).  La disposición con la cual decidamos aceptar dichas emociones/sentimientos es la brújula que indicará si nos dirigimos por buen o mal camino (en cuanto a si nos puede afectar o no el sentir lo que sintamos).

 No es fácil tener una actitud firme y de hierro, para nada, pero cuando nos decidimos a tomar conciencia y estar muy presentes en el momento que sentimos de manera tan fuerte odio/rencor/amor/celos etc, etc, para poder de manera ecuánime decidir cómo proceder, es cuando crecemos y tomamos las riendas de esos caballos, no tan salvajes, no tan indómitos, no tan arrolladores.

¿Y ustedes, creen que sus emociones son caballos salvajes, o han logrado domarlos?

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